Diseñar una buena situación de aprendizaje lleva tiempo. Tiempo para pensar el contexto, el hilo conductor, las tareas, los criterios de evaluación, los instrumentos… Y ese tiempo, en un colegio real, con veinticinco alumnos delante y tres reuniones por la tarde, escasea. Ahí es donde la inteligencia artificial ha cambiado mi forma de trabajar.
No la uso para que me haga el trabajo. La uso para pensar más rápido y mejor.
El punto de partida: cuanto más contexto, mejor resultado
El error más común cuando se empieza a usar la IA para diseñar situaciones de aprendizaje es darle poco contexto. Un prompt pobre genera un resultado genérico. La clave está en nutrirla con todo lo que define tu realidad docente.
¿Qué significa esto en la práctica? Antes de escribir el prompt, le proporciono a la IA información sobre mi centro: que trabajamos con Radio Patio —un podcast escolar disponible en Spotify— y con TeleSur, nuestro canal de televisión educativa. Eso abre una posibilidad muy concreta: el producto final de la situación de aprendizaje puede ser un programa de radio o una grabación para el canal del colegio. No es un producto inventado; es un producto real, con audiencia real, que da sentido auténtico al aprendizaje.
También le indico mis herramientas habituales. Si dominas Canva, díselo: la IA puede proponerte productos finales que encajen con lo que ya sabes hacer, en lugar de sugerirte recursos que luego tendrás que aprender desde cero. Cuanto más te conoce, mejor trabaja contigo.
Un detalle técnico que marca la diferencia: trabaja por proyectos
Tanto Claude como ChatGPT permiten organizar el trabajo en proyectos o conversaciones con memoria de contexto. Mi recomendación es crear un proyecto específico para el diseño de situaciones de aprendizaje y alimentarlo desde el principio con tu información de referencia: el proyecto educativo del centro, la programación del ciclo, los proyectos digitales del colegio, tus herramientas habituales y el perfil general de tu alumnado.
De esta forma, no tienes que repetir el contexto cada vez que empiezas una nueva situación. La IA ya sabe dónde trabajas, con quién y con qué recursos cuentas. Cada nueva situación de aprendizaje que diseñes será mejor que la anterior porque parte de una base cada vez más rica.
Dos formas de arrancar: por la competencia o por el producto
He de ser honesto: mi primer impulso muchas veces es proponer una situación a partir de un producto final que me parece atractivo, en lugar de partir de la competencia clave o del criterio de evaluación. La ortodoxia curricular dice que debe ser al revés. Y tiene razón.
Pero también he comprobado que la situación inversa puede funcionar si interaccionas bien con la IA: propones el producto, ella te sugiere criterios de evaluación posibles, y a partir de ahí construyes la situación de forma que todo quede coherente. No es el camino ideal, pero es un camino real que a veces lleva a resultados muy buenos.
Lo que la IA hace bien en este proceso
En mi experiencia, la IA es especialmente útil en tres momentos: en la generación del contexto y el hilo conductor —el momento más creativo y el que más cuesta arrancar—, en el desglose del producto final en tareas intermedias coherentes, y en la revisión de la coherencia interna de la situación. Puedes pedirle que compruebe si las tareas realmente trabajan las competencias que has declarado. Es como tener un segundo par de ojos siempre disponible.
Lo que la IA todavía no puede hacer
La IA puede hacerte la mejor rúbrica del mundo. Pero solo tú sabrás en qué pequeños o grandes detalles ha fallado un alumno concreto, y que eso exige replanificar. Ese vínculo cotidiano con cada niño y cada niña —la evaluación continua que se construye en el día a día, en la mirada, en la conversación, en el error que se repite— es algo que la IA no puede captar. El contacto humano sigue siendo irreemplazable.
Hay otro punto donde la IA todavía flojea: el número de criterios de evaluación. Tiende a proponer más de la cuenta y a incluir criterios que tú, en ese momento y con ese grupo, no quieres o no puedes evaluar. Esa tarea de revisión y ajuste sigue dependiendo del docente. La IA te da un punto de partida; tú decides qué te llevas y qué dejas.
El paso final: pídele que evalúe lo que ha creado
Uno de los usos más potentes —y menos conocidos— de la IA en este proceso es pedirle que evalúe la propia situación de aprendizaje que acaba de ayudarte a diseñar. Un prompt del tipo: «Analiza esta situación de aprendizaje e identifica posibles incoherencias, criterios sobredimensionados, tareas que no contribuyen al producto final o elementos que podrían mejorarse» puede revelar errores que tú mismo no habías detectado.
Y si quieres ir un paso más allá: pásale el resultado a otra IA diferente. Si has diseñado la situación con Claude, evalúala con ChatGPT, o viceversa. Cada modelo tiene sus propios sesgos y fortalezas, y obtener un segundo punto de vista externo —aunque sea el de otra IA— añade una capa de revisión que enriquece el resultado final.
El factor entrenamiento
Las situaciones de aprendizaje que diseño hoy con IA son notablemente mejores que las primeras que hice. No porque la IA haya mejorado —que también—, sino porque yo he aprendido a interaccionar con ella: a hacer mejores preguntas, a darle más contexto desde el principio, a saber cuándo su propuesta es aprovechable y cuándo hay que descartarla y empezar de otro modo.
El ahorro de tiempo, cuando ya se controla esto, es considerable. Lo que antes me llevaba una tarde entera, ahora lo tengo en borrador en veinte minutos. El resto del tiempo lo dedico a lo que realmente importa: ajustarlo a mis alumnos.
Una invitación para los que aún no se han animado
Sé que hay compañeros y compañeras que miran todo esto con recelo. El cambio metodológico da respeto. Las situaciones de aprendizaje dan respeto. La IA da respeto. Es normal, y no hay que juzgarlo: llevamos años acumulando reformas legislativas y exigencias curriculares que han generado un agotamiento real en muchos docentes.
Pero mi experiencia me dice que la IA puede ser precisamente la llave que abra esa puerta. Porque el obstáculo más grande no suele ser ejecutar una situación de aprendizaje en el aula —los docentes sabemos improvisar, adaptar, acompañar—, sino sentarse a diseñarla desde cero. Si la IA te quita ese bloqueo inicial, si te da un borrador sólido en veinte minutos que tú después ajustas a tu realidad, puede que lo que parecía una montaña se convierta en algo abordable.
La situación de aprendizaje que la IA te ayuda a diseñar sigue siendo tuya. Tú la has pensado, tú la has revisado, tú la conoces. Y cuando llegue el momento de llevarla al aula, también serás tú quien lo haga. La IA no entra en clase. Tú sí.
Una reflexión final
Llevamos años diciéndoles a nuestros alumnos que la tecnología es una herramienta, no un fin. La IA no es diferente. Úsala para llegar antes a lo que ya sabes que quieres, no para evitar pensar. En Primaria, donde el contexto y el vínculo con el alumnado lo son todo, el criterio docente sigue siendo insustituible.
Por Mario Regodón Rodríguez





